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Hay familias que salen de un hospital después de haber dado a luz y vuelven a casa con los brazos vacíos. Han preparado una llegada, han atravesado un embarazo, un parto o una cesárea y, de pronto, tienen que iniciar un posparto que nadie les había contado que podía existir: un posparto en duelo.

 

Desde el Grupo de Trabajo de Psicología Perinatal y de la Infertilidad del COPAO queremos sumarnos, con motivo del Día Internacional del Duelo Gestacional, Perinatal y Neonatal, a hablar de un duelo que continúa estando demasiado invisibilizado y que, precisamente por eso, necesita ser nombrado, reconocido y acompañado.

 

El duelo gestacional, perinatal y neonatal nos enfrenta a una realidad de la que durante mucho tiempo apenas se ha hablado: la muerte también puede ocurrir al inicio de la vida.

 

Cuando sucede, no desaparece todo lo que rodeaba a ese bebé. La familia sigue existiendo y el vínculo también. El cuerpo de la mujer continúa atravesando un puerperio: puede haber leche, sangrado, cansancio y cambios hormonales mientras se recupera de haber dado a luz y trata de comprender que ese bebé no volverá a casa.

 

Y esto ocurre en un cuerpo que muchas veces queda relegado a un segundo plano. Como si después de la muerte del bebé el posparto pudiera detenerse. Como si el cuerpo de la madre no necesitara cuidados porque el desenlace no ha sido el esperado. Pero el cuerpo sigue ahí. Y necesita atención, información y cuidados.
También puede haber hermanos, abuelos, tíos y otras personas que ya habían empezado a construir un lugar para ese bebé dentro de la familia. Hablar de duelo perinatal implica también hablar de reconocimiento.

 

En 2023 se desarrolló en España una regulación que permite que los fallecimientos ocurridos después de los seis primeros meses de gestación y antes del nacimiento consten en un archivo específico del Registro Civil, y que los progenitores puedan otorgar un nombre al bebé. Esta inscripción no tiene efectos jurídicos, pero supone un avance importante en la posibilidad de nombrar y dejar constancia de esa existencia.

 

Durante mucho tiempo se ha esperado de las mujeres que atravesaran estas pérdidas en silencio, con discreción y sin incomodar demasiado. Se les ha dicho que era mejor no hablar, que podían volver a intentarlo o que todavía eran muy jóvenes. Se ha minimizado el dolor y se ha tratado la pérdida como un asunto privado, casi como si no mereciera ocupar espacio.

 

Reconocer que un bebé ha formado parte de una historia familiar no significa imponer a nadie cómo debe vivir su pérdida. Significa abrir la posibilidad de que esa historia pueda ser nombrada y reconocida también socialmente.

 

Lo mismo ocurre con las pérdidas gestacionales tempranas. No todas las mujeres las viven igual ni las nombran de la misma manera. Para algunas, ese embarazo ya representaba un proyecto, una ilusión o la llegada de un bebé a su familia. Para otras, la experiencia será diferente. Cuando, además, ha habido infertilidad o reproducción asistida, la pérdida puede estar atravesada por una historia previa de búsqueda, tratamientos, esperas y expectativas.

 

No necesitamos establecer una jerarquía del dolor ni decidir qué pérdidas son suficientemente importantes como para ser lloradas. Tampoco necesitamos atribuir a todas las mujeres el mismo significado ante un embarazo. Lo que necesitamos es escuchar cómo lo vive cada una y respetar que ese significado no nos corresponde decidirlo desde fuera. No nos corresponde decidir cuánto debería doler una pérdida ni cómo debería nombrarla quien la vive. Nuestro papel es acompañar lo que hay. para hacerlo, también necesitamos transformar la manera en que atendemos estas situaciones en los hospitales.

 

Una familia que acaba de perder a su bebé necesita información, intimidad, tiempo y profesionales que sepan estar. Necesita poder decidir si quiere verlo, sostenerlo, despedirse de él o conservar algún recuerdo. Y también necesita que se respete su decisión si no desea hacerlo.  

 

No hay una única forma correcta de despedirse. Las cajas de recuerdos pueden ofrecer algo tangible que llevarse a casa: fotografías, huellas, una pulsera, una manta, ropa u otros objetos relacionados con el bebé. No son solo una colección de objetos. Pueden ayudar a conservar una parte de esa historia y a reconocer que ese bebé existió.
Las cunas de despedida o cunas de abrazos responden a otra necesidad: disponer de más tiempo para estar con el bebé. Gracias a un sistema de refrigeración, permiten retrasar los cambios físicos tras la muerte y facilitan una despedida más íntima y sin tanta prisa. Cuando la muerte ocurre al inicio de la vida, dar tiempo también es cuidar.

 

Cuidar también significa no dejar sola a la mujer en su recuperación física. Significa ofrecer seguimiento del puerperio, atender la lactancia y la inhibición de la leche, revisar el sangrado, el dolor y las posibles complicaciones, y explicar qué puede ocurrir en los días y semanas posteriores. Significa no dar por hecho que, porque ha muerto el bebé, la madre ya no necesita atención obstétrica. Después llega el momento de volver a casa.

 

Y aquí aparece otra cuestión fundamental: ¿quién sostiene a esa familia cuando ya no está en el hospital?
Los grupos de apoyo al duelo gestacional, perinatal y neonatal cumplen una función esencial. Encontrarse con otras familias que han pasado por una experiencia similar permite poner palabras, compartir preguntas y dejar de sentirse tan sola en una sociedad que todavía no siempre sabe cómo acompañar estas pérdidas.

 

En Andalucía contamos, entre otros recursos, con la Asociación Matrioskas, que acompaña a familias que han vivido la pérdida de sus bebés y trabaja también en la formación y sensibilización de profesionales y que cuenta con grupos y espacios de acompañamiento en distintas provincias andaluzas, entre ellas Granada, Jaén, Málaga y Córdoba. Y con Fundación Alhelí, entidad especializada en acompañamiento en distintos tipos de duelo que cuenta con grupos de ayuda mutua en duelo perinatal en Málaga. Esto es importante porque el duelo no termina cuando se firma el alta.

 

Y tampoco debería depender de que una mujer tenga energía, información o recursos para encontrar por sí misma dónde acudir. No podemos seguir colocando sobre las mujeres y las parejas la responsabilidad de sostenerlo todo. No pueden ser ellas quienes tengan que buscar información, reclamar atención, explicar su dolor, organizar sus permisos laborales y encontrar por su cuenta los recursos que el sistema no ofrece.

 

El acompañamiento debe formar parte de la atención sanitaria y de las políticas públicas. En España muchos son los hospitales públicos y privados que están incorporado protocolos de duelo gestacional  pero éste no es aún un criterio unificado. Es necesario un abordaje multidisciplinar y de atención humanizada  donde  profesionales y comunidad formen parte de esa red de cuidados. Por eso necesitamos profesionales formados, desde su formación universitaria, psicólogos integrados en estos equipos, espacios de despedida, recursos para las familias y redes comunitarias que continúen cuando termina la atención hospitalaria. Necesitamos también permisos laborales adecuados, seguimiento sanitario y psicológico y una atención coordinada que no dependa del hospital o de la profesional que toque ese día.

 

Como profesionales de la psicología perinatal y de la infertilidad , creemos que acompañar el duelo no significa apresurar a nadie hacia la aceptación ni convertir el sufrimiento en algo patológico.

El año pasado desde el COPAO publicamos un artículo hablando de la importancia del papel del psicólogo en cuidados paliativos (CP). Este año para conmemorar el día de los cuidados paliativos nos gustaría aportar parte de la experiencia del acompañamiento que hace el/la psicólogo/a en CP desde un enfoque humano.
 
La idea central de CP no consiste únicamente en acompañar a la persona cuando ya no ha posibilidad de curación, también consiste en proteger la posibilidad de vivir con sentido, dignidad y vínculo hasta el final. Para ello vamos a plantear la disyuntiva con una serie de preguntas.
 
¿Qué significa calidad de vida cuando la vida está llegando a su fin?
Cuando hablamos de calidad de vida solemos pensar en salud y autonomía, pero muchas veces la enfermedad implica una mala salud y un deterioro grave en la autonomía de la persona.
 
Una medición restrictiva de calidad de vida en relación con la autonomía puede quedarse muy corta. Calidad de vida para la persona en esta situación puede ser estar libre de dolor, dormir con tranquilidad, elegir quién quieres que te acompañe, elegir permanecer en casa o no, poder despedirse o hablar un asunto importante con alguien o incluso disfrutar de un momento cotidiano. Es muy habitual que cuando el tiempo se acorta, lo pequeño pueda adquirir una dimensión mayor, y lo que cada persona valore sea diferente.
 
Es ahí donde las herramientas de la psicología cobran también un papel importante. El counsellling, la terapia de aceptación y compromiso, el mindfulness, y todas las herramientas que estén a nuestro alcance, nos pueden ayudar a que elementos aparentemente insignificantes, como tomar un café, escuchar una canción, sostener la mano de tu familiar querido, o mirar por la ventana, constituyan un elemento que da sentido y calidad de vida a la persona enferma.
 
¿Quién soy cuando ya no puedo hacer muchas de las cosas que definían quién era?
Una de las funciones del psicólogo es tratar de preservar la identidad de la persona cuando la enfermedad amenaza con ocupar todo. Pues la modificación de los roles, la pérdida de autonomía, las modificaciones físicas derivadas de la enfermedad y la renuncia a proyectos es interpretada por la persona en muchas ocasiones como una pérdida importante de su ser. Es normal que nos identifiquemos con aquello que podemos hacer, “soy deportista porque hago deporte”, “soy padre/madre porque cuido de mis hijos”, o incluso nos identifiquemos con nuestra imagen corporal, “soy mujer porque tengo genitales femeninos”, “soy yo porque estoy fuerte y grande”, en definitiva, soy yo porque puedo hacer lo que hago, y/o tengo lo que tengo (sea corporal o material). El arte de la psicológica es hacer ver que una persona no deja de ser ella misma
por no poder hacer cosas, por no tener lo que tenía, o porque su cuerpo cambie. Así la psicología puede hacer que la persona se identifique así misma más allá de un rol, o incluso poder ampliar la visión de que es importante en mi vida y quién soy realmente.

 

¿Qué papel juegan los deseos, valores y decisiones de la persona?
Uno de los aspectos fundamentales de CP es reconocer a la persona como protagonista de su propia historia. No todas las personas entienden lo mismo por calidad de vida, ni valoran las mismas cosas, ni tienen las mismas prioridades. Por ello es importante conocer a la persona, conocer sus deseos, sus inquietudes, su trayectoria. De esta forma una decisión clínica o personal se convierte en algo personalizado. “¿Merece la pena cortar la pierna de esta persona si eso va a prolongar unos meses más su vida? ¿Es bueno que los nietos estén en casa en los momentos finales? ¿debería la persona enferma ser ingresada en el hospital por un síntoma que parece difícil de controlar en casa?” Depende. Todas estás preguntas y muchas más pueden tener múltiples respuestas según quién es la persona, sus circunstancias y que cosas son
importantes para la misma. Los valores, deseos y decisiones de la persona enferma deben ser objetivo prioritario para nosotros, pues somos profesionales de la psicología, así cómo debemos transmitirlo al resto del equipo y ambiente familiar.

 

¿Cómo el/la psicólogo/a consigue que la persona no quede reducida a la enfermedad?
El acompañamiento psicológico ofrece un espacio donde la persona puede hablar mucho más allá de una consulta médica. Dónde podemos escudriñar que significa la enfermedad para persona, qué le preocupa realmente, que necesidades tiene, que quiere conservar, que la hace feliz, que es importante para ella. Escuchar a la persona más allá de los síntomas le devuelve parte de su identidad. El objetivo nunca debe ser negar la enfermedad, pero si poder ver a la persona y reconocerla más allá de la misma.

 

Isaru de la Piedra, coordinador de la Sección de Psicooncología y Psicología de los Cuidados Paliativos de la Junta Provincial de Málaga

Una cinta amarilla recorrió el jueves 10 de septiembre la sala de la Confederación Granadina de Empresarios y unió las manos de las personas asistentes mientras se leía el manifiesto del Día Mundial para la Prevención del Suicidio. El gesto convirtió el final del acto en una imagen de apoyo colectivo: una red formada por instituciones, profesionales, movimiento asociativo, personas con experiencia propia en salud mental y ciudadanía.

El encuentro reunió a representantes de la Junta de Andalucía, la Diputación de Granada, el Ayuntamiento de Granada, la Universidad de Granada, colegios profesionales, FAISEM, la Escuela Andaluza de Salud Pública, entidades sociales, movimiento asociativo, medios de comunicación y ciudadanía.

En Andalucía, 733 personas murieron por suicidio en 2025: 560 hombres y 173 mujeres. Más de tres de cada cuatro personas fallecidas —el 76,4 %— fueron hombres. La tasa masculina fue de 13,05 fallecimientos por cada 100.000 hombres, frente a los 3,91 registrados por cada 100.000 mujeres.

El suicidio es un fenómeno complejo y multicausal en el que pueden intervenir circunstancias personales, sociales, económicas, familiares, laborales y de salud. No existe una única causa. Sin embargo, determinadas ideas sobre lo que significa «ser un hombre» pueden convertirse en una barrera para reconocer el sufrimiento, compartirlo y pedir ayuda.

 

«El silencio pesa»

Durante su intervención, el presidente de la Federación Salud Mental Andalucía, Manuel Movilla, habló desde su propia experiencia y recordó la importancia de pedir ayuda a tiempo.

«Como persona con experiencia propia en salud mental, sé lo difícil que puede resultar reconocer que no estás bien y decirlo en voz alta. A muchos hombres nos enseñaron a callar, a aguantar y a seguir adelante como si nada ocurriera. Pero el silencio pesa. Pedir ayuda no te hace menos hombre ni menos fuerte; es un paso valiente para empezar a cuidarte. A quien esté sufriendo quiero decirle que no tiene que atravesarlo en soledad: hablar y dejarse acompañar puede abrir una salida», señaló Movilla.

El presidente insistió también en que no basta con pedir a una persona que busque ayuda: cuando dé ese paso, debe encontrar recursos profesionales suficientes, accesibles y cercanos. Reclamó una respuesta coordinada de los servicios sanitarios, sociales y educativos, las administraciones públicas, las entidades sociales, los medios de comunicación y el conjunto de la ciudadanía.

 

https://www.youtube.com/live/-P8bu1t8fas?rco=1 

El pasado 29 de junio se presentó la Guía Provincial de Recursos para la Prevención del Suicidio y la Promoción de la Salud Mental en Málaga, una iniciativa promovida por la Mesa Técnica para la Prevención del Suicidio en Málaga con el objetivo de facilitar el acceso de la ciudadanía a los recursos de atención, apoyo y acompañamiento disponibles en la provincia para personas en situación de riesgo, así como para sus familias y entorno.

El acto estuvo presidido por el concejal delegado de Derechos Sociales del Ayuntamiento de Málaga, Francisco Cantos; el delegado territorial de Salud y Consumo de la Junta de Andalucía en Málaga, Carlos Bautista; el diputado del Tercer Sector de la Diputación Provincial de Málaga, Francisco José Martín; y la vicerrectora de Igualdad y Políticas Sociales de la Universidad de Málaga, María José Berlanga. Asimismo, contó con la asistencia de representantes de todas las administraciones y entidades que integran la Mesa Técnica para la Prevención del Suicidio en Málaga.

En representación del Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Oriental asistieron la decana, Mariela Checa Caruana, y la vocal y coordinadora de la Comisión de Psicología de la Conducta Suicida.

El COPAO forma parte activa de la Mesa Técnica para la Prevención del Suicidio en Málaga, integrada por el Ayuntamiento de Málaga, la Diputación Provincial, la Universidad de Málaga, la Delegación Territorial de Salud y Consumo de la Junta de Andalucía, la Fundación Alhelí, AFENES, el Teléfono de la Esperanza, el Gabinete de Apoyo Psicológico de Parcemasa y el propio Colegio. Como miembro de este órgano de trabajo, el COPAO ha participado de manera activa en la elaboración y revisión de esta guía, aportando el conocimiento y la experiencia de la Psicología en el ámbito de la prevención, la intervención y la posvención de la conducta suicida.

La guía reúne, de forma estructurada y accesible, los recursos sanitarios, sociales y asociativos existentes en la provincia de Málaga para la prevención de la conducta suicida, la atención en situaciones de crisis, el apoyo psicológico y el acompañamiento a familiares y personas supervivientes. Su finalidad es favorecer la detección precoz, mejorar el acceso a los servicios especializados y contribuir a la sensibilización social sobre un problema de salud pública que requiere una respuesta coordinada entre instituciones y profesionales.

Desde el COPAO animamos a las y los profesionales de la Psicología a conocer y difundir esta herramienta, que también puede resultar de gran utilidad para familias, pacientes y personas usuarias que necesiten orientación o acceder a la red provincial de recursos.

La guía puede consultarse en el siguiente enlace:

https://prevencionsuicidiomalaga.uma.es/

 

Celebración I Jornadas multidisciplinares de la prevención del suicidio en Jaén

El pasado 15 de junio, con un éxito de asistencia de 150 personas, se celebró la I Jornada Multidisciplinar sobre suicidio en Jaén para mejorar la coordinación profesional bajo el lema "El suicidio no se puede predecir, pero sí se puede prevenir". La actividad se consolidó gracias al esfuerzo conjunto de diversas instituciones, entre las que destacaron el Colegio de Enfermería de Jaén, la Junta de Andalucía, el Ayuntamiento, el Teléfono de la Esperanza, la Asociación GAMA, los cuerpos de seguridad (bomberos, policía nacional y local) y el Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Oriental (COPAO), que estuvo representado de forma técnica por la coordinadora de la comisión de la conducta suicida en Jaén, Francisca Barba Colmenero, aportando la perspectiva técnica y psicológica a una estrategia colectiva cuyo mensaje unánime fue que el suicidio no se puede predecir, pero sí se puede prevenir. Un encuentro que visibilizó que esta problemática requiere la implicación y coordinación de toda la sociedad.

El Pleno del Senado aprobó con un claro consenso el informe final de la Ponencia de Estudio sobre Salud Mental y Prevención del Suicidio.

 

Compartimos la noticia respecto a la aprobación en el senado, el pasado 10 de junio, del informe final de la Ponencia de estudio sobre salud mental y prevención del Suicidio (https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/2026/06/10/6a297f65fc6c83cf618b45bd.html). Así como las declaraciones realizadas respecto a la noticia, de Miguel Guerrero Díaz, Psicólogo Clínico, y principal referente en el ámbito de Prevención del Suicidio.
 
 
Desde el COPAO, expresamos nuestro reconocimiento al consenso político del informe final de la ponencia sobre salud mental y prevención del suicidio, como un avance positivo en la temática, suponiendo un impulso importante para proseguir con futuras medidas y planes de acción que continúen a éste hito. Igualmente, las declaraciones de Miguel Guerrero, como experto en la materia, nos inspiran para continuar apoyando desde el colegio profesional, en la promoción de futuras acciones para la prevención del suicidio, e invitan a reflexionar sobre la importancia de seguir avanzando profesionalmente en conjunto, para la visibilización y sensibilización de la conducta suicida.