La estimulación temprana y la detección precoz, claves para la intervención en neuropsicología clínica infantil

Así lo asegura Sandra González Checa, miembro de la División de Neuropsicología clínica del Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Oriental.

La principal diferencia entre la neuropsicología clínica infantil y la de adultos o mayores es “la importancia de la detección precoz o temprana de las dificultades en el neurodesarrollo y, especialmente, en los periodos críticos o sensibles”. Así lo afirma Sandra González Checa, miembro de la División de Neuropsicología clínica del Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Oriental (Copao), quien asegura que “se trata de momentos puntuales y decisivos donde se consiguen alcanzar los principales hitos del desarrollo -adquisición del lenguaje, desarrollo motor y manifestación de la esfera social-, que hacen posible que el cerebro y el sistema nervioso central evolucionen, nos desenvolvamos de manera óptima, tengamos un correcto funcionamiento en las actividades básicas e instrumentales de la vida diaria, así como un desempeño funcional en la vida adulta y a lo largo de todo el ciclo vital”.

Para Sandra González, “ De no prevenir, evaluar, intervenir y compensar tras una afectación neurológica, sensorial, cognitiva o motora a edades tempranas, difícilmente se podrían adquirir y consolidar funciones cognitivas esenciales -lenguaje, memoria, atención y las funciones ejecutivas, entre otras-, dado que la rápida y constante maduración cerebral característica del neurodesarrollo se da a la misma vez que la reorganización cerebral que conlleva una patología infantil”.

Para Sandra González, “De no prevenir, evaluar, intervenir y compensar tras una afectación neurológica, sensorial, cognitiva o motora a edades tempranas, difícilmente se podrían adquirir y consolidar funciones cognitivas esenciales -lenguaje, memoria, atención y las funciones ejecutivas, entre otras-, dado que la rápida y constante maduración cerebral característica del neurodesarrollo se da a la misma vez que la reorganización cerebral que conlleva una patología infantil”.

Evaluación específica en neuropsicología infantil

Una de las peculiaridades que destaca la neuropsicóloga del Copao es la forma de evaluar, “que es mucho más lúdica y adaptada a los tiempos de reacción, concentración e intereses de los niños y niñas frente a las tareas tediosas, extensas y, a veces, poco motivantes que se usan en la neuropsicología de adultos”.

Y es que la valoración neuropsicológica infantil se asemeja a la de adultos en el uso de la psicometría y en algunos instrumentos y procedimientos, pero difiere en un aspecto esencial. “El cálculo de la edad cronológica y el establecimiento de la edad madurativa del niño o niña, dependiendo de su nivel de desarrollo ya que es esta última la que se tendrá en cuenta para discriminar entre un estado normal y un curso alterado y patológico del cerebro”, explica Sandra González,

En relación al diagnóstico clínico y la devolución de los resultados, arguye que “es recibido con mayor incertidumbre, angustia, miedo y rechazo por los familiares y, por tanto, peor asimilado en las etapas iniciales del desarrollo que en la adultez o vejez, puesto que se entiende como una dificultad de por vida, persistente y de curso prolongado que conlleva procesos de negación y duelo semejantes a los de una pérdida de un ser querido”.

La importancia de la evaluación e intervención individualizadas

La responsable de la División de Neuropsicología clínica del Copao entiende, sin embargo, que el objetivo de la evaluación “no es tanto buscar una etiqueta diagnóstica definitiva, ya que dichos juicios clínicos se encuentran en revisión constante dependiendo del neurodesarrollo; los neuropsicólogos clínicos infantiles tratan de buscar los puntos fuertes y débiles, es decir, establecer el perfil neurocognitivo potencial del paciente para poder diseñar la intervención de manera individualizada. Es en este aspecto donde reside parte de la especificidad de los pacientes infantiles a la hora de abordar tanto el diagnóstico como el tratamiento terapéutico”.

Así, aclara que, en primer lugar, “existen afectaciones y trastornos exclusivos de la edad pediátrica entre los que podemos citar la prematuridad y el bajo peso al nacer; el daño cerebral adquirido (DCA); discapacidad intelectual (DI); los trastornos del aprendizaje  tales como dislexia, discalculia, disgrafía, etc.; trastornos específicos del lenguaje (TEL); trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDAH); trastorno del espectro del autismo (TEA) y trastornos de conducta asociados a una patología neurológica”.

En segundo lugar, Sandra González apostilla que “en la etapa infantil el cerebro está en continua evolución debido a la neuroplasticidad cerebral, factor protector y modulador que le permite mayor comunicación neuronal, flexibilidad cognitiva y apertura al cambio de estructuras cerebrales y funciones cognitivas. Por tanto, el cerebro infantil es un cerebro no consolidado y no especializado que a su vez tiene una alta capacidad de transformación y una mayor probabilidad de progreso y aprendizaje que el cerebro adulto”.

Por último, la neuropsicóloga del Copao destaca que, cuando se interviene en la población infantil, “no podemos olvidarnos de los padres, madres y de los centros educativos que son un agente activo en el tratamiento. En esta subespecialidad de la neuropsicología clínica, la familia y el personal docente se convierten en co-terapuetas aportándonos los datos necesarios en la entrevista e historia clínica inicial y permitiéndonos que los avances que se hacen en terapia se trasladen tanto a casa como al colegio, aumentando así, la validez ecológica y la utilidad práctica de nuestra intervención”.