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JOSÉ LUIS CABEZAS- ESCUCHAR PARA COMPRENDER

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Dentro de nuestra sección dedicada a las entrevistas a personas relevantes en el mundo de la psicología, hoy vamos a conocer al profesor José Luis Cabezas Casado. Hace unos meses recibía el premio Escucha del Teléfono de la Esperanza y con tal motivo, mantuvimos con él una agradable charla.

José Luis, granadino de 45 años, estudió Psicología en Granada. Pertenece a la promoción 90-95. Desde 1997 es profesor de la UGR, habiendo realizado el primer doctorado en gerontología social. Pertenece al departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación e imparte clases en las facultades de Psicología y Trabajo Social de la Universidad de Granada.

Su trabajo siempre lo ha desarrollado en el mundo universitario, no habiendo ejercido nunca la profesión desde un gabinete de psicología, aunque reconoce que, bajo el nombre de “tutoría”  muchas son las sesiones de psicología que desarrolla con sus alumnos. De igual modo, José Luis siempre intenta colaborar con asociaciones en aspectos de formación, así como en hospitales, siempre desde el punto de vista de la psicología, con los pacientes y los equipos.

En la Universidad también ha trabajado en la gestión, siendo vicedecano de la Facultad de Psicología durante 8 años y en el equipo del rector Francisco González Lodeiro, como responsable de movilidad no europea.

-         En el acto de entrega del premio Escucha del Teléfono de la Esperanza pudimos disfrutar de su conferencia que versaba, precisamente sobre la escucha. La importancia de la misma, la necesidad decomenzarpor escucharnos a nosotrosmismos…

Efectivamente. En esa charla di un decálogo con pautas para aprender a escucharnos. Cómo escuchar nuestro propio cuerpo, las señales que nos manda. Pequeñas dolencias o cansancio nos avisan de que tenemos que hacer algo para prevenir algún mal posterior; escuchar nuestras emociones, miedos, tristezas, llantos…no hay emociones buenas o malas, sino que todas son consecuencia de la evolución de miles de años. Cuando nuestro cuerpo nos las regala tenemos que saber interpretarlas, aplicarlas a nuestra vida diaria.

De igual modo, es muy necesario mimarnos, dedicarnos tiempo, buscar detalles positivos. Pero también, saber poner límites.

-Claro, porque a veces escuchar a otra persona e involucrarnos en lo que le pasa puede significar perder nuestra propia realidad

Exacto. Tú no puedes perder el sueño o tu salud por haber escuchado a un paciente o a un enfermo en el hospital, por eso, hay que ponernos límites. Saber cuidarnos  a nosotros mismos, para poder cuidar a los demás.

-Nos decía que realizó el primer doctorado en Gerontología Social. Cuando hablamos de personas mayores nos centramos mucho en sus necesidades físicas, pero su salud mental también hay que cuidarla

Así es. Estamos ante una persona que interpreta su propia realidad. De nada nos sirve que tenga un cuerpo estupendo y sano si no se traduce en que sea más feliz. Por eso, trabajamos para mantener sus capacidades cognitivas a través de estimulación emocional. Todo tiene relación con la ayuda a domicilio y servicios sociales.

A una persona que sienta soledad no se le soluciona el problema mandando a alguien un par de horas al día. Por eso, trabajamos para formar profesionales que se dedican a la gerontología en residencias, centros de día…

-         Háblenos del Teléfono de la Esperanza. ¿Cómo comenzó a colaborar con ellos?

Contacté con ellos para realizar la  prestación social sustitutoria, me quería librar del servicio militar, (risas). Fue a través del padre Urbano Alonso, que era profesor mío. Me pedí el turno de noche compaginándolo con las clases en la facultad. Ahora ya no puedo trabajar tanto con ellos, así que el premio ha sido una sorpresa. Pero me han pedido que vuelva a colaborar, formando psicológicamente a voluntarios, y estaré encantado de hacerlo. Necesitamos saber escuchar y que los voluntarios tengan una formación en psicología mínima, porque a través de esas llamadas anónimas llegan situaciones complejas y hay que tener un mínimo de conocimientos para derivar, para decirle los recursos que hay, y aprender a detectar y cuando llega una problemática saber cómo afrontarla.

-¿Cuál ha sido la situación más compleja con la que se encontró como voluntario del Teléfono de la Esperanza?

Sin duda, los intentos de suicidio…que una persona te llame a las dos de la mañana diciendo que ha decidido poner fin a su vida y que esa es la última llamada que va a realizar hace que sientas sobre ti una responsabilidad muy grande, y una gran tensión.

En concreto, un chico de 40 años me llamó contando que había perdido muchas realidades de su vida, familia, trabajo…y quería terminar con todo. En ese momento solo puedes escuchar, no aconsejar; es como si hubieras cogido un lienzo en blanco y dejas que vaya saliendo el cuadro. Después de dos horas de conversación, el chico había cambiado de decisión, ya no iba a acabar con su vida. Aquella persona derivó en poder ayudar a otras personas en su misma situación. Él seguía teniendo el mismo dolor, pero se había sentido escuchado y ahora estaba con fuerzas para reorientar su dolor.

Luego, también otras llamadas de personas mayores solas que solo querían ser escuchadas…otras más surrealistas, o bromas…lo mejor de esta labor es que las llamadas se hacen de manera anónima por ambas partes, lo que se presta a hablar con mucha sinceridad.

-         Qué difícil…¿qué se le dice a una persona que sabe que va a terminar su vida?

Pues esa situación la he vivido con enfermos terminales. Aquí, todas las teorías de la psicología se te vienen abajo. Hay dos formas de afrontarlo, y esto vale para mayores y para todos; el tiempo que me queda en la vida lo dedico a lamentarme y pensar qué mala suerte he tenido en ese tiempo, que nunca sabemos el que es, o podemos hacer, como mínimo, que otras personas que están en la misma situación que yo se sientan comprendidas. 

En residencias de mayores, cuando llega una persona nueva en situación de tristeza porque no quiere estar allí, aunque la familia no pueda atenderla, sirve darle un papel activo frente a otros mayores que han llegado a la residencia, enseñarles la habitación, hablarles de las actividades que se realizan allí, cuáles han sido sus emociones…igual con pacientes terminales, que ellos sean apoyo para otros enfermos terminales. Esto es fantástico porque empiezan a enfocar su vida de una forma proactiva.

- Otra etapa de la vida que necesita de mucha escucha es la infantil, pero también se hace difícil hacerlo…

Lo principal es adaptar la comunicación a la edad. Con los niños funciona mucho mejor la comunicación no verbal. El niño comprende un 10% de lo que le dices, pero va a captar bastante el lenguaje no verbal, pequeños detalles, como ponernos a su altura para hablar con ellos, prestarles total atención, no hablarles mientras estamos haciendo otras cosas, porque ellos piensan que no estamos atentos a ellos…

Los niños también aprenden por imitación.

- Y, las nuevas tecnologías, ¿han servido para escucharnos más o no?

No hay que demonizarlas, nos han abierto las barreras de la comunicación porque nos hacen leer un mensaje de alguien que está a miles de kilómetros, pero curiosamente hay también más personas en soledad… Hay que preguntarse entonces qué está pasando y volver a la frescura de la inteligencia emocional. Las nuevas tecnologías son un apoyo, pero no un fin.

Hay que tener cuidado porque se puede transmitir una vida que  no es real, sobre todo entre los adolescentes. Las tecnologías están bien, pero nunca pueden suplir las relaciones interpersonales.

 

Dejamos al profesor Cabezas en su despacho, tiene clase en un rato. Lo hemos escuchado atentamente y hemos podido comprobar que, si nos sabemos escuchar, la vida nos irá mejor…  

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